Un Día de furia de Santacroce

La mañana del Concejo fue agitada, por ser leve. Luego de la sesión preparatoria en la que se definió mantener las autoridades legislativas, los tonos del diálogo se fueron elevando hasta derivar en el escándalo que tuvo como protagonista al edil justicialista Roly Santacroce, que incluyó insultos, mobiliario roto y sirenas de ambulancias.

El trasfondo de la discusión fueron las repercusiones de la denuncia hacia el intendente Diego León Barreto, en la que se lo acusa de mal manejo de los fondos de campaña. La noche anterior, en medio de la comisión que quedó suspendida, los seis concejales recibieron a través de los medios de comunicación la noticia que revolucionó los ánimos políticos inmediatamente.

En la sesión preparatoria se votaron las autoridades del Concejo, finalmente, con los cuatro votos de Ana Martelli, Juan Ignacio Rímini, Luis Dolce y Carlos Olmedo, definieron que este último continúe en la presidencia. Desde el bloque justicialista, los ediles Santacroce y Juan Míguez, no acompañaron la idea de mantener al PRO en la presidencia en el momento en el que el partido se ve cuestionado por acusaciones de financiamiento ilegal en campaña.

El momento más álgido de la discusión fue cuando Santacroce comenzó a vociferar acusaciones hacia Olmedo y Dolce, tomando su propio escritorio que cayó desplomado contra el suelo. En medio de la tensión el concejal se descompuso y tuvo que ser asistido por la ambulancia del Centro de Salud Houssay.

Luego de acomodar el recinto, el resto de los ediles continuaron reunidos evaluando las posibilidades de sanción hacia la conducta del justicialista, sin llegar a concretar una medida.

Es una lástima que alguien de la talla de Santacroce no tome verdadera noción de la irresponsabilidad que tuvieron sus actos. Lo más lastimoso es que su argumento de que un partido (Pro) cuestionado por no poder justificar sus ingresos de campaña no debería ocupar la presidencia de cuerpo legislativo es más que valedero, pero queda diluído dentro de un mar de excesos verbales. A veces no basta con saber qué decir, sino que también hay que saber cómo decirlo.

 

FUENTE: Infofunes

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